Turnaround Management:
Pocas decisiones ponen tanto a prueba a un equipo directivo como reconocer que la empresa ha dejado de funcionar como debería. La caída no suele ser un accidente repentino: es el resultado de meses —a veces años— de señales ignoradas, márgenes que se estrechan y tesorería que se tensa. Tipos de interés restrictivos, cadenas de suministro volátiles, inflación acumulada en los costes y disrupción tecnológica han reducido, además, los márgenes de seguridad en casi todos los sectores. El turnaround management es, precisamente, la disciplina que convierte ese diagnóstico incómodo en un plan de acción.
En este artículo comentamos qué es realmente un turnaround, cómo distinguirlo de conceptos vecinos, qué fases sigue un proceso ordenado, qué palancas —financieras y operativas— tienen a su alcance los administradores, y qué implicaciones legales y de responsabilidad conlleva. Y lo hacemos con la mirada puesta en la realidad española: una pyme o empresa familiar del middle market que se enfrenta a la crisis con un marco legal, el de la Ley 16/2022, que hoy permite actuar antes y mejor que nunca.
Qué es el Turnaround Management (y qué no es)
El turnaround management es el proceso estructurado de tomar una empresa en dificultades y transformarla para devolverla a una posición competitiva y financieramente sostenible. La palabra clave es transformación: no basta con recortar gasto o renegociar un vencimiento; se trata de reordenar la estrategia, las operaciones, la estructura comercial y el balance de forma coordinada y bajo una fuerte presión de tiempo.
Un matiz esencial: el turnaround se dirige a empresas viables pero deterioradas. Negocios con un núcleo sano —un producto con demanda, una cartera de clientes, un know-how— cuya trayectoria de resultados, cuota de mercado o generación de caja se ha degradado hasta poner en riesgo su continuidad.
Si el negocio no es viable en ningún escenario razonable, no hablamos de turnaround, sino de liquidación ordenada.
Turnaround no es lo mismo que transformación corporativa
Conviene no confundir el turnaround con los programas de transformación.
- La transformación se aplica a compañías financieramente estables que, pese a una ligera desviación o una desaceleración en mercados maduros, disfrutan de solvencia y holgura de liquidez; su horizonte es amplio y su objetivo, revitalizar el crecimiento.
- El turnaround, en cambio, se activa cuando hay deterioro sustancial de los fundamentales o una crisis de liquidez que compromete la continuidad como empresa en funcionamiento. Aquí el tiempo es el recurso más escaso: la inercia de una empresa en dificultades es descendente y destructora de valor, de modo que exige medidas quirúrgicas e inmediatas, no el consenso pausado de los tiempos de bonanza.
Y frente a otros términos que a menudo se usan como sinónimos:
- Turnaround: transformación integral (estratégica, operativa, comercial y financiera). Es el paraguas que engloba a las demás herramientas.
- Reestructuración: rediseño de una dimensión concreta —financiera (balance, deuda, capital) u operativa (procesos, plantilla, portafolio)—. Una palanca dentro del turnaround, no el todo.
- Workout: renegociación extrajudicial y voluntaria de la deuda con los acreedores para evitar el concurso. Confidencialidad y flexibilidad a cambio de menor certeza jurídica frente a disidentes.
- Liquidación: cese de la actividad y realización ordenada de activos. Es el desenlace cuando la empresa no es viable, y a veces la decisión óptima.
La diferencia no es semántica: un turnaround exitoso preserva empleo y valor que una liquidación destruye. Cuando el negocio operativo es sano pero el problema está en el balance, la salida no es vender ni liquidar, sino refinanciar y reordenar. Lo abordamos en nuestro análisis sobre las opciones de reestructuración ante una crisis empresarial.
La curva del declive: de la crisis estratégica a la zona de insolvencia
Las crisis empresariales rara vez son súbitas. Siguen una trayectoria secuencial y bastante predecible —la curva del declive— que los consejos que no la comprenden confunden con mala suerte, reaccionando tarde y atacando síntomas en lugar de causas.
Crisis estratégica
El modelo de negocio pierde competitividad: cambia la demanda, irrumpe una tecnología disruptiva, se agota la diferenciación o la empresa no puede trasladar sus subidas de costes al cliente. Los ingresos aún aguantan por inercia, pero el margen bruto empieza a comprimirse en silencio.
Crisis operativa y de rentabilidad
El EBITDA entra en terreno negativo o se vuelve insuficiente para absorber la estructura de costes fijos y el servicio de la deuda. Aquí las palancas son la reducción de costes y la mejora del margen unitario de contribución.
Crisis de liquidez
El fondo de maniobra se agota y la empresa no puede atender puntualmente a proveedores, banca y administraciones. Es la fase más peligrosa. La regla de oro es contundente: en crisis, la prioridad es la liquidez, no la rentabilidad. Una empresa puede declarar beneficio contable y morir por no poder pagar una nómina.
La zona de insolvencia
Cuando los pasivos exigibles superan la capacidad real de generar caja y el valor liquidativo de los activos, la empresa entra en la zona de insolvencia. Este umbral no es solo económico: activa de forma automática riesgos mercantiles y legales severos para el órgano de administración, como veremos más adelante. Estos estados tienen su correlato jurídico en la Ley Concursal: probabilidad de insolvencia, insolvencia inminente e insolvencia actual.
La falacia del cubo perforado: por qué inyectar dinero no basta
Uno de los errores de diagnóstico más frecuentes entre accionistas y gestores es creer que una crisis de negocio se arregla con dinero: más deuda bancaria o una ampliación de capital. Es una creencia que ignora cómo funcionan los estados financieros.
Una empresa con pérdidas operativas estructurales e ineficiencias de circulante funciona como un cubo lleno de agujeros en la base. Los agujeros son los contratos con margen de contribución negativo, las mermas productivas, una estructura de costes indirectos sobredimensionada, los impagos recurrentes y el exceso de inventario de baja rotación.
Verter agua —inyectar liquidez— en un cubo agujereado no repara las fugas: solo aumenta el volumen de agua que se pierde y dilata artificialmente el tiempo hasta que se vacía. Si se aporta capital fresco sin reparar antes la rentabilidad unitaria y las ineficiencias, la nueva financiación no crea valor: se consume financiando pérdidas, destruye más patrimonio y agrava la posición de los acreedores. De ahí que la reingeniería operativa deba preceder —o al menos sincronizarse con— cualquier refinanciación del pasivo.
Señales de alarma y diagnóstico: el Independent Business Review
Detectar la crisis pronto es el factor que más margen de maniobra otorga. Y no es intuición: entre las empresas que hacen un diagnóstico riguroso al inicio, una mayoría logra el turnaround; entre las que no, la tasa de éxito cae de forma notable. Las señales de alerta temprana emiten avisos cuantitativos mucho antes del primer impago:
- Deterioro del margen de contribución: se estrecha la diferencia entre ventas y costes variables directos, señal de problemas de pricing o de compras ineficientes.
- Expansión anómala del DSO: crecen los saldos pendientes de cobro, por relajación del riesgo comercial o por deterioro de la solvencia de los clientes.
- Acumulación de inventario sin rotación (DIO): existencias que se estancan, a veces por sobreproducir para diluir costes fijos teóricos.
- Financiar el largo plazo con corto plazo: cubrir inversiones o déficits estructurales con pólizas y anticipos, rompiendo el equilibrio del balance.
- Incumplimiento recurrente de covenants: vulnerar los ratios pactados con la banca, que puede activar vencimientos anticipados.
Un termómetro especialmente útil es el ciclo de conversión de efectivo (CCC = DIO + DSO − DPO), que mide cuántos días tarda la empresa en recuperar en caja cada euro invertido en su operativa. Reducir el CCC libera circulante sin coste financiero: recortar el ciclo de 60 a 40 días puede liberar un tercio del circulante atrapado sobre las mismas ventas. Profundizamos en ello en qué es el working capital y por qué es importante.
El Independent Business Review (IBR)
En una refinanciación, los bancos y los fondos de deuda no deciden con los presupuestos internos de la empresa: exigen un Independent Business Review, una auditoría de viabilidad elaborada por un asesor independiente. Un IBR solvente cubre cuatro frentes:
- Normalización del EBITDA histórico: depurar la cuenta de resultados de gastos personales, ingresos no recurrentes y ajustes extraordinarios para ver el resultado real y sostenible del negocio esencial.
- Rentabilidad por producto, cliente y canal: segmentar los ingresos para distinguir qué genera valor y qué destruye caja.
- Revisión del pasivo y de sus garantías: inventariar la deuda financiera y sus garantías (hipotecas, prendas, avales) y modelizar el orden de prelación.
- Stress testing del modelo proyectado: someter las proyecciones a escenarios adversos para cuantificar el déficit máximo de tesorería y la deuda realmente sostenible.
La hoja de ruta: las cinco fases del plan de turnaround
La ejecución exige método y disciplina temporal. Cada fase es prerrequisito de la siguiente. Un cronograma orientativo:
- Fase 1 (semanas 1–4): control de emergencia y tesorería.
- Fase 2 (semanas 4–8): diagnóstico y plan de viabilidad.
- Fase 3 (meses 2–6): reestructuración operativa y circulante.
- Fase 4 (meses 3–9): reestructuración financiera y de balance.
- Fase 5 (meses 9–24): institucionalización y crecimiento.
Fase 1. Control de emergencia y estabilización de la liquidez
La prioridad no es la rentabilidad teórica, sino la supervivencia inmediata. El instrumento nuclear es el control de caja a 13 semanas (13-week cash flow): una previsión semanal rodante de cobros ciertos y pagos indispensables, con análisis de desviaciones cada semana. Se acompaña de tres medidas: un Comité de Caja (dirección general, CFO/CRO, compras y operaciones) que aprueba cada pago; la centralización de la tesorería del grupo para que ninguna filial retenga liquidez mientras otra sociedad impaga; y la firma de acuerdos de espera (standstill) con el pool bancario, que paralizan amortizaciones 60–90 días para abrir espacio de negociación. Es también el momento de los quick wins: cobros acelerados y recortes de gasto discrecional que generan caja y credibilidad.
Fase 2. Diagnóstico y plan de viabilidad
Estabilizada la caja, hay que determinar si existe un core business rescatable. Se evalúa la rentabilidad de cada producto, división y cliente, y las líneas con margen negativo o que consumen circulante desproporcionado se ajustan o se cierran de forma ordenada. Sobre ese perímetro depurado se construye el plan de viabilidad a cinco años —con cuenta de resultados, balance y estado de flujos proyectados— que cuantifica el EBITDA normalizado, el CAPEX de mantenimiento imprescindible y el free cash flow disponible para el servicio de la deuda. Es la pieza que la banca exige para refinanciar: detallamos ese punto en qué esperan los bancos para refinanciar la deuda.
Fase 3. Reestructuración operativa y del circulante
El foco pasa a los procesos. Primero, la optimización del circulante: endurecer condiciones de cobro y automatizar la reclamación de impagos; liquidar de forma acelerada el stock obsoleto para inyectar caja y liberar espacio, con compras basadas en demanda real; y reordenar los vencimientos con proveedores a cambio de volumen y certidumbre. Segundo, un programa de reducción de costes de estructura (renegociación de alquileres, energía, seguros, licencias; supresión de duplicidades). Tercero, la desinversión de activos no estratégicos —naves en desuso, parcelas, maquinaria obsoleta— para dotar de liquidez al plan o cancelar pasivo oneroso.
Fase 4. Reestructuración de balance y refinanciación
De poco sirve arreglar la operativa si la estructura de capital sigue desequilibrada. En esta fase se reconfigura el pasivo para acoplarlo al nuevo flujo de caja, con varias herramientas:
- Reperfilamiento (reprofiling): alargar los vencimientos de la deuda senior y pactar carencias de principal en los dos o tres primeros años del plan.
- Tramos sostenible y no sostenible: dividir la deuda en un tramo A (senior, amortizable con el flujo operativo) y un tramo B no sostenible, estructurado como deuda subordinada, préstamo participativo o con intereses capitalizables (PIK) para que no drene caja a corto plazo.
- Quitas y capitalización (debt-to-equity swap): cuando el pasivo excede el enterprise value, negociar cancelaciones parciales o convertir deuda en capital para restaurar el equilibrio patrimonial.
- Financiación de rescate: cuando la banca tradicional se retrae, entrada de fondos de situaciones especiales o deuda privada que aporten liquidez o líneas de circulante flexibles.
Cuando el problema es de balance y no de negocio, la refinanciación puede evitar males mayores: lo tratamos en refinanciación de empresas en distress y en el análisis de la deuda mal estructurada.
Fase 5. Institucionalización y retorno al crecimiento
Saneada la operativa y el balance, hay que blindar la empresa contra recaídas. Se implantan cuadros de mando y sistemas de información gerencial que vigilan semanalmente la rentabilidad por línea y el cumplimiento presupuestario. En la empresa familiar, este es el momento de profesionalizar el gobierno corporativo: incorporar consejeros independientes con experiencia sectorial y separar con claridad propiedad y gestión ejecutiva. Con la casa en orden, se reactiva la inversión selectiva en digitalización, producto y expansión donde haya ventaja competitiva. Todo ello encaja en una reestructuración estratégica orientada a volver a crecer.
Métricas clave: el turnaround se dirige con números
Toda decisión —cerrar una línea, pedir una quita— debe apoyarse en métricas estandarizadas. Estas son las que marcan el pulso, con umbrales orientativos para el middle market (no sustituyen el análisis caso a caso):
- Runway de tesorería: semanas de operación que quedan al ritmo actual de consumo de caja antes de agotar los fondos.
- DSCR (cobertura del servicio de la deuda): si es inferior a 1,0x, el flujo de caja libre no cubre las obligaciones financieras y la refinanciación es inevitable.
- Apalancamiento (Deuda financiera neta / EBITDA): en entornos de tipos altos, ratios por encima de unas 4,5–5x suelen comprometer la estabilidad de una empresa mediana.
| Métrica / Ratio | Umbral de alarma | Zona de estabilidad | Acción correctiva |
| Runway de tesorería | Menos de 8 semanas de caja | Más de 13 semanas | Congelar pagos no críticos; liquidez de rescate |
| DSCR (cobertura del servicio de deuda) | Inferior a 1,0x | Superior a 1,2x | Carencias; tramo subordinado con interés PIK |
| Apalancamiento (Deuda neta / EBITDA) | Superior a 5x o EBITDA negativo | Inferior a 3,5x | Quitas, capitalización de deuda, venta de activos |
| Ciclo de conversión de efectivo (CCC) | Creciente año a año | Estable o reduciéndose | Liquidar stock obsoleto; acelerar cobros |
| Desviación del modelo 13 semanas | Desvío negativo recurrente | Desvío semanal contenido | Revisar hipótesis de cobro; auditar pagos |
Gestión de stakeholders: negociar bajo presión
Un turnaround no es solo una hoja de cálculo; es un ejercicio de liderazgo, diplomacia y gestión de intereses en conflicto. Coordinar a los actores es lo que evita que el plan se bloquee.
La banca: del gestor comercial al departamento de work-out
Ante impagos o incumplimiento grave de covenants, el expediente pasa de los gestores comerciales a los departamentos de recuperaciones y reestructuraciones (work-out), cuyo mandato es maximizar la tasa de recuperación y minimizar provisiones. Para negociar con ellos de forma constructiva conviene: aportar información contrastada y verificable mediante el IBR (cualquier ocultación destruye la confianza y precipita la vía contenciosa); dar un trato equilibrado a todo el pool, sin pagos preferentes encubiertos que fracturen al sindicato bancario; y demostrar el compromiso de los accionistas, porque la banca solo acepta carencias, quitas o subordinaciones si los socios ponen algo de su parte —fondos propios, renuncia a dividendos o subordinación de sus préstamos de socio—.
Proveedores: segmentar para no parar la producción
Una rotura de suministro clave paraliza la fábrica y anula cualquier recuperación. Hay que segmentar a los acreedores comerciales en críticos o no sustituibles —integrados con prioridad en el calendario del control de caja, a veces con pago contra entrega— y ordinarios o sustituibles, con los que cabe aplazar saldos vencidos sin frenar la operativa.
El talento: retener a quien ejecuta el plan
La incertidumbre provoca fuga de talento clave justo cuando más se necesita. Comunicación interna transparente sobre la situación y el plan, y planes de retención específicos para perfiles técnicos, mandos intermedios y responsables de operaciones cuya continuidad es imprescindible.
La empresa familiar: la dimensión emocional
En la empresa familiar del middle market, la historia personal se entrelaza con el negocio, y eso dificulta decisiones drásticas como cerrar una filial fundacional, prescindir de personal histórico o abrir el capital. El asesor actúa como mediador técnico objetivo: aporta rigor y claridad, facilita los acuerdos familiares, profesionaliza la gobernanza y ayuda a proteger el patrimonio personal de los socios frente a contingencias mercantiles.
El marco legal español: el preconcurso y la responsabilidad del administrador
La Ley 16/2022 reformó el Texto Refundido de la Ley Concursal (TRLC) para transponer la Directiva europea de reestructuración preventiva, dotando a las empresas viables de herramientas para resolver la crisis antes del concurso.
Los planes de reestructuración
Son el mecanismo central para reconducir la situación sin concurso formal. La vía se abre en tres estados: probabilidad de insolvencia (previsión objetiva de no poder cumplir a dos años), insolvencia inminente (a tres meses) e insolvencia actual. La comunicación de apertura de negociaciones (art. 585 TRLC) activa un escudo automático de tres meses, prorrogable, que paraliza ejecuciones sobre activos estratégicos e impide a los proveedores esenciales resolver contratos por causas financieras. Los acreedores se agrupan en clases por interés económico homogéneo, y el plan puede homologarse e imponerse a clases disidentes mediante el arrastre entre clases (cross-class cram-down), siempre respetando el test del mejor interés de los acreedores: nadie puede quedar peor que en una liquidación.
Deberes fiduciarios y responsabilidad del consejo
Este es un ángulo que muchos administradores subestiman. Al entrar en la zona de insolvencia, el foco de los deberes fiduciarios se desplaza: la lealtad prioritaria deja de ser solo hacia los accionistas y pasa a la preservación del patrimonio para satisfacer a los acreedores.
El artículo 5 del TRLC obliga a solicitar concurso en dos meses desde que se conoció o debió conocerse la insolvencia actual, salvo que se haya presentado la comunicación de negociaciones. Incumplir esos plazos, o adoptar decisiones negligentes —vender activos por debajo de mercado, hacer pagos preferentes injustificados—, puede llevar a la calificación del concurso como culpable y a que los administradores respondan con su patrimonio personal del déficit concursal. Por eso el asesor independiente no solo diseña el plan: documenta la racionalidad económica de cada decisión, blindando la responsabilidad del consejo.
Venta de unidad productiva y pre-pack concursal
Cuando la sociedad arrastra un pasivo histórico insostenible pero conserva ramas de actividad viables, cabe vender la unidad productiva en funcionamiento. La figura del pre-pack, con un experto nombrado por el juzgado, permite preparar y auditar la oferta de compra antes de declarar el concurso; declarado este, la transmisión se ejecuta de inmediato, libre de la deuda societaria anterior (salvo las cargas laborales y de seguridad social de los contratos subrogados). Así el negocio sano sobrevive bajo el principio de empresa en funcionamiento, preservando actividad y empleo. Es terreno natural de una boutique de M&A, como explicamos en venta de empresas en crisis y distressed M&A.
Factores de éxito y de fracaso
Los turnarounds son difíciles y una parte relevante no alcanza plenamente sus objetivos. La diferencia suele reducirse a un0s pocos factores.
Lo que funciona
- Anticipación: el margen de actuación es inversamente proporcional al tiempo transcurrido desde los primeros síntomas. Superar el sesgo de negación del propio equipo es el primer paso.
- Supremacía de la caja sobre el beneficio contable: el resultado es una estimación normativa; la tesorería es una realidad ineludible.
- Reestructurar operativa y balance de forma inseparable: aplazar deuda sin corregir márgenes solo pospone el colapso.
- Liderazgo decidido y, con frecuencia, renovado; y foco obsesivo en los quick wins de las primeras semanas.
Lo que descarrila un turnaround
- Reaccionar tarde, cuando ya no quedan grados de libertad.
- Confiar solo en inyectar dinero al cubo perforado, sin reparar la operativa.
- Recortar sin estrategia: austeridad sin reposicionamiento.
- Perder el talento clave durante el proceso; una empresa que lo pierde rara vez se recupera.
Un caso ilustrativo del middle market familiar
Pensemos en una empresa familiar industrial de segunda generación, con ventas estables pero márgenes decrecientes por costes energéticos y laborales. Empieza a apurar sus líneas de crédito y a retrasar pagos: una crisis de rentabilidad que se desliza hacia la liquidez. El diagnóstico revela un ciclo de caja inflado por inventarios excesivos y un DSO elevado, y dos líneas de producto que destruyen margen.
La hoja de ruta: primero, control de caja a 13 semanas, comité de pagos y quick wins de cobro; segundo, cierre ordenado de las líneas no rentables y foco en el core; tercero, refinanciación con extensión de vencimientos y tramos sostenible/no sostenible, apoyada en un plan de viabilidad creíble y un IBR; y, si algún acreedor bloquea, comunicación de apertura de negociaciones y plan de reestructuración homologado con experto. Resultado esperable: preservar la mayoría del empleo y la continuidad del negocio familiar, frente a la alternativa de la liquidación.
Recomendaciones prácticas por etapa
Etapa de alarma
- Instale un semáforo financiero. Vigile margen de contribución, EBITDA, deuda neta/EBITDA, DSCR, covenants y el ciclo de caja (DSO, DIO, DPO).
- Ante tensión de tesorería, implante ya el control de caja a 13 semanas. Es la primera medida, antes que cualquier decisión estructural.
Etapa de crisis declarada
- Rodéese de especialistas. Un asesor financiero independiente y, según la gravedad, un CRO. Encargue un IBR si va a negociar con la banca.
- Repare el cubo antes de llenarlo. Corrija márgenes y circulante antes o a la vez que refinancia; no financie pérdidas.
- Priorice caja sobre beneficio contable y ejecute quick wins en los primeros 100 días.
Etapa de reestructuración formal
- Active el escudo preconcursal (art. 585 TRLC) para ganar tres meses de negociación protegida.
- Documente la racionalidad de cada decisión. Protege el patrimonio y la responsabilidad del consejo frente a la calificación culpable.
- Actúe antes, no después. En cuanto la insolvencia sea previsible a dos años, la vía preventiva ya está disponible.
Conclusión
Darle la vuelta a una empresa no es cuestión de suerte ni de aguantar hasta que cambie el ciclo. Es un proceso que premia la anticipación, el rigor numérico, la ejecución operativa y la destreza negociadora. Quien vigila las señales, prioriza la caja, repara la operativa antes de refinanciar y utiliza a tiempo las herramientas de la Ley Concursal reformada tiene muchas más probabilidades de conservar su empresa —y su empleo— que quien espera a que la crisis de liquidez decida por él.
En Maraz Corporate Finance acompañamos a empresas y accionistas del middle market en procesos de reestructuración y refinanciación, desde el diagnóstico y el plan de viabilidad hasta la negociación con la banca y, cuando hace falta, la solución en el mercado. Si su empresa afronta una situación compleja, conviene actuar cuanto antes: puede ampliar el enfoque en nuestra área de reestructuraciones y refinanciaciones de deuda.
Javier de Rojas Roca de Togores
Socio - Maraz Corporate Finance
FAQs sobre Turnaround Management
¿Qué diferencia hay entre turnaround y reestructuración?
El turnaround es la transformación integral de una empresa en crisis —estratégica, operativa, comercial y financiera— para devolverla a la rentabilidad. La reestructuración es una de sus palancas: el rediseño de una dimensión concreta, normalmente el balance o las operaciones. Todo turnaround incluye reestructuración, pero no toda reestructuración es un turnaround.
¿Por qué no basta con inyectar dinero en una empresa en crisis?
Porque una empresa con pérdidas operativas estructurales funciona como un cubo agujereado: verter liquidez sin reparar antes los márgenes negativos, el exceso de inventario o los costes sobredimensionados solo aumenta el agua que se pierde. El capital fresco se consume financiando pérdidas y destruye más patrimonio. La reingeniería operativa debe preceder o sincronizarse con la refinanciación.
¿Qué es el control de caja a 13 semanas y por qué es tan importante?
Es una previsión semanal rodante de cobros y pagos para el trimestre siguiente, por el método directo, con análisis de desviaciones cada semana. Es el estándar en crisis porque anticipa las tensiones de liquidez con tiempo de reacción y demuestra a bancos e inversores que la dirección controla la caja. Suele ser lo primero que piden los acreedores.
¿Qué es un Independent Business Review (IBR)?
Una auditoría de viabilidad independiente que los bancos y fondos exigen antes de refinanciar. Normaliza el EBITDA histórico, analiza la rentabilidad por producto y cliente, revisa el pasivo y sus garantías, y somete las proyecciones a escenarios de estrés para determinar la deuda realmente sostenible.
¿Qué responsabilidad asume el administrador de una empresa en insolvencia?
Al entrar en la zona de insolvencia, sus deberes se orientan a preservar el patrimonio para los acreedores. El artículo 5 del TRLC obliga a solicitar concurso en dos meses desde que se conoce la insolvencia actual, salvo que se comunique la apertura de negociaciones preconcursales. Incumplir plazos o tomar decisiones negligentes puede derivar en concurso culpable y en responsabilidad patrimonial personal.
¿Qué es el pre-pack concursal?
Un mecanismo que permite preparar y auditar, con un experto nombrado por el juzgado, la venta de la unidad productiva viable antes de declarar el concurso. Declarado este, la transmisión se ejecuta de inmediato libre de la deuda societaria anterior (salvo cargas laborales subrogadas), preservando la actividad, el empleo y el valor de empresa en funcionamiento.
¿Cuándo debe una empresa acudir al preconcurso?
En cuanto sea objetivamente previsible que no podrá cumplir sus obligaciones de los próximos dos años (probabilidad de insolvencia), ya puede activar la comunicación de apertura de negociaciones del artículo 585 TRLC. No conviene esperar a la insolvencia actual, que además genera el deber de solicitar concurso en dos meses.
